
CON TÍTULO Y DESEMPLEADOS: LA ODISEA DE LOS DOCENTES RECIÉN RECIBIDOS
Formarse para no ejercer. Una radiografía de la educación en Misiones desde el lente de los graduados sin trabajo.
EDUCACIÓN
Nicolás Godoy y Rodrigo Gómez
1/30/202514 min read
En el invierno pasado, en la avenida Uruguay se encuentra un campamento que copa cuadras y cuadras de calle. En ella hay docentes, policías y personal de salud provincial que reclaman mejores condiciones de trabajo al gobierno de la provincia. Una serie de causas acumuladas y dinamitadas por el cambio del gobierno nacional hicieron estallar el conflicto social y político más importante en Misiones de la última década.
Una de las primeras cosas que notamos en las movilizaciones docentes de ese año era la escasa presencia de docentes jóvenes -con esto nos referimos a menores de 30 años y que se hayan recibido en los últimos años- y nos preguntamos cuál era el motivo. No obstante, dentro de las marchas aparece una pancarta que rezaba Graduados Desocupados, y atrae poderosamente la mirada y la atención de quienes caminan al lado. Muchos de ellos se detienen a preguntar sobre la situación a quienes la llevan y se sorprenden angustiosamente del contexto de esos jóvenes profesores.
La idea de la pancarta fue de nuestra compañera Vívian, quién junto a nosotros, buscaba organizar a quienes estaban en la misma situación. Si bien, desde que éramos estudiantes participamos en las diferentes manifestaciones docentes, la demanda de falta de trabajo nunca estuvo expresada entre quienes conducían las mismas.
Después del punto más caliente del conflicto en el mes de mayo, los sindicatos combativos lograron un gran acuerdo salarial, que si bien no se logró la consigna del 100% , la situación mejoró considerablemente a lo que habían firmado los gremios oficialistas y los trabajadores volvieron a sus casas y puestos de trabajo luego de meses de una ardua lucha. Sin embargo, aquellos profesores que se encontraban desocupados o subocupados ya que las horas que tienen no le alcanzan para dedicarse de lleno su profesión, quedaron (quedamos) nuevamente sin ser oídos. Esto sucede a pesar de que -cómo lo argumentó el docente y dirigente combativo Carlos Lezcano- el 70 % de las maestras(1) solo poseen un cargo, es decir, que tampoco pueden dedicarse a tiempo completo a la actividad y deben arreglarse con ese salario y buscar otra forma de generar ingresos, cuando debería (esto no es sólo un ideal, ya que el propio sistema lo exige) estar formándose continuamente para la enseñanza.
Pero volviendo al interrogante planteado al principio ¿por qué era tan escaso el número de jóvenes en aquel conflicto? Más allá de cuestiones generacionales que tienen que ver con la participación política -y la percepción negativa de la misma, y de sus instituciones como los sindicatos y partidos-, hay una cuestión central que posibilita este fenómeno, y es la dificultad de inserción en el sistema educativo.
Dicha dificultad tiene diversas causas, nos detendremos aquí a explicar algunas planteando las mismas como problemas que merecen una solución. Si bien los motivos están enmarcados en un contexto de aumento del desempleo y precarización laboral que se da desde hace varios años, remarcamos que la odisea de los jóvenes docentes es diferente en cada provincia. En la Patagonia o incluso en Ciudad y provincia de Buenos Aires la situación es diferente, es decir hay materias y cursos para los cuales faltan docentes(1). Esto hace más complejo el análisis y nos exige indagar aún más sobre la realidad misionera, sin dejar de tener en cuenta el papel que cumple el Estado Nacional en generar estas condiciones de desempleo.
El contexto general
La cuestión económica en su conjunto va cuesta abajo en nuestro país desde los años ‘70, y a pesar de algunos intentos o espejismos de recuperación, vamos navegando de crisis en crisis y con ello se profundiza la pobreza estructural. En los diversos gobiernos que se fueron sucediendo, la mayoría de ellos -al menos discursivamente- plantearon que la educación tiene un papel central, pero pocos realizaron cambios para bien. Es un consenso generalizado que la educación está en crisis, a pesar de que tiene un rol indispensable para el desarrollo más que probado.
Sin embargo, el gobierno actual realizó el mayor desfinanciamiento del sistema educativo en su conjunto -y al mismo tiempo quiso establecerla cómo profesión esencial- de nuestra historia reciente eliminando programas nacionales como lo fueron las Escuelas Profesionales Secundarias (EPS), o poniendo en duda la continuidad del Plan FiNes (ambos destinados a reinsertar a personas al sistema educativo) y quitando los fondos para obras públicas educativas. A esto se suma el contexto hiper recesivo en el que nos encontramos inmersos que limita la recaudación, y la reducción del dinero que Nación envía a las provincias mediante la coparticipación.
Todo este combo provocó dos situaciones que limitan las incorporaciones de nuevos docentes al mundo laboral: la primera, tiene que ver con el cierre y no apertura de divisiones. En 2024 en Misiones se unificaron muchas divisiones para reducir costos, lo que provoca -no sólo que un docente se quede sin horas- un empeoramiento en el proceso de enseñanza-aprendizaje, algo que cualquiera se daría cuenta al observar que en un curso de un solo docente, este debe enseñar a una cantidad de entre 30 y 40 estudiantes (probablemente en un aula hacinada, sin materiales educativos ni aire acondicionado, esto último elemental en una región tan calurosa cómo la nuestra). En cuanto a la no apertura, esto tiene que ver con que las escuelas ya tenían proyectado construir nueva infraestructura para más aulas, pero con los brutales recortes fue imposible concretarlo.
La segunda situación que emerge del mismo contexto económico, repercute en los ajustes a las jubilaciones, lo que genera poca motivación para jubilarse antes (sumado que desde los ‘90 se amplió la edad mínima para jubilarse) y no permite que nuevos docentes adquieran más horas o cargos. Este punto es central y denota cómo dos problemáticas están relacionadas. Por un lado, observamos que un docente en Misiones, cumpliendo con los años correspondientes de aportes, bajo el régimen actual de jubilación no se jubila cobrando el 82% del mejor salario de los últimos años, sino que debe calcular un promedio de los valores actualizados de los cargos que tuvo en la última década, teniendo en cuenta en este cálculo también la bonificación por antigüedad (que alcanza su máximo de 120% a los 25 años de servicio).
Si un docente adquiere un nuevo cargo o la máxima bonificación de antigüedad de manera reciente, para que esas mejoras salariales impacten en su jubilación, debe trabajar por un período de 10 años -o algunos menos- mejorando un poco su promedio de la última década. La consecuencia inmediata es que muchos docentes estiren los últimos años de su carrera. A lo poco que cobran los jubilados y las demoras en la movilidad que tienen las jubilaciones en la provincia, los docentes deben sumarle la preocupación por mejorar su promedio salarial en la última década. Entonces, nos encontramos con docentes que (presionados por lo mencionado) tardan unos años más en jubilarse, y esta demora repercute en la otra problemática que es la imposibilidad de acceso a horas en los docentes recién egresados.
Ante esta situación, es necesario pensar una reforma jubilatoria (3) que solucione el problema desarrollado anteriormente. Esto generaría un ingreso más digno para los docentes jubilados, logrando que no busquen estar más tiempo en las escuelas, y por ende habría más horas y cargos disponibles para los más jóvenes. Para que esto sea impulsado, es necesaria la participación tanto de los trabajadores activos como de los pasivos.
Un poco de historia local
El problema de la falta de trabajo para docentes es reciente en la provincia. Hace dos décadas la docencia contaba con una inserción laboral más rápida. El problema se fue acrecentando debido al aumento de instituciones formadoras de docentes (en su mayoría privadas), sin que medie una planificación al respecto, y termine pesando una concepción mercantilista (en otras palabras, que el objetivo sea hacer dinero) de la educación. Estas nuevas instituciones (4) abrieron ofertas académicas (las cuales ofrecen títulos de pregrado) sin tener en cuenta las salidas laborales de las mismas y en la mayoría de los casos con un fuerte apoyo del gobierno provincial, que buscó contrarrestar el peso de la UNaM en la formación docente.
Esta disputa sigue vigente, ya que el Consejo General de Educación (CGE) en reiteradas oportunidades ha desvalorizado arbitrariamente los títulos docentes emitidos por la UNaM(5) (de grado, es decir, equivalente a una Licenciatura, por ejemplo), no permitiendo a sus egresados de profesorados inscribirse en los padrones por cargos en el nivel terciario (6). También han quitado incumbencias (7) en algunas materias dónde antes sí podían enseñar, o no contemplan los alcances del título de las mismas, reduciendo de esa forma los espacios laborales para profesores egresados de la UNaM. La incumbencia de los títulos es definida en el CGE con la participación de las instituciones formadoras de docentes. Sin embargo, los reclamos y opiniones de la UNaM no fueron atendidos.
También destacamos que las últimas gestiones de la UNaM fueron débiles a la hora de realizar los reclamos, y que gran parte de ellos se llevaron a cabo gracias a las movilizaciones de graduados, estudiantes y docentes de algunas carreras, en su mayoría no alineados con la gestión de la universidad.
Sin embargo, el problema no se limita a las causas mencionadas anteriormente, debemos agregar que en Misiones muchas materias son dictadas por personas que no cuentan con el título docente o tienen un título docente que no es el específico para la materia. Esto se naturalizó durante mucho tiempo en la provincia e hizo que una de las formas de ingreso a la docencia sea a través del desplazamiento.
El desplazamiento (dicho en pocas palabras) es un mecanismo a través del cuál los docentes pueden acceder a cargos mediante esta herramienta legal, que autoriza a reclamar las horas que tienen personas que no poseen título específico. Utilizar este instrumento no es sencillo, requiere información, tiempo, dinero y en muchos casos los docentes tienen que superar distintas maniobras de directivos o funcionarios que quieren evitar que se dé ese desplazamiento debido a que la persona que está sin el título fue acomodada en el lugar y probablemente cuente con algún contacto de importancia.
El desplazamiento es un acto de justicia y permite mejorar la calidad de la educación. Los problemas de este instrumento se dan con los inconvenientes que pueden existir para realizarlos o si los docentes que accedieron a los cargos sin el título son titulares. La dificultad o no de la utilización de esta herramienta legal dependerá de las resistencias que oponen directivos y funcionarios a la misma, el nivel de estas puede hacer que todo se deba resolver por medio del Tribunal de Justicia (8). Dicha dificultad -en referencia a lo de profesores que enseñan sin poseer el título específico- se amplifica cuando se trata de instituciones de gestión privada.
No podemos finalizar este apartado sin mencionar la injerencia del sindicato docente mayoritario de la provincia de Misiones, UDPM. En los últimos años este sindicato, en una estrecha relación con el gobierno provincial, estableció una red clientelar a través de la cuál favorece en el acceso o permanencia en cargos docentes a personas que tienen afinidad con él. Además, se da un intercambio de favores entre la UDPM y el Frente Renovador que hace que el sindicato controle áreas clave como el Consejo General de Educación y sus diferentes dependencias a cambio del apaciguamiento de los conflictos por condiciones laborales y otros motivos y la participación en actos o encuentros organizados por el partido de gobierno. Es así, que con el aval tanto de UDPM cómo del gobierno provincial, se han generado titularizaciones masivas que garantizan la seguridad en sus cargos.
Algunos elementos para repensar el sistema educativo
El salario de los profesores en su mayoría (diferente al de los maestros que un cargo significa la mitad de la jornada laboral posible), se componen por la carga horaria, es decir, el sueldo va a depender de cuántas horas consiga. Los bajos salarios conllevan a que se necesitan muchas horas para poder vivir exclusivamente de la docencia. El máximo de estas horas es de 42, las cuales -sumadas el tiempo de trabajo que tienen los docentes fuera de la escuela- son excesivas para un buen desempeño, y son pocos los casos en que las horas están concentradas en una misma escuela. En su mayoría las horas se encuentran repartidas en más de 3 instituciones, con diferentes ubicaciones, lo que conlleva tiempo y gastos de movilidad.
A su vez, la necesidad -y el derecho- de un docente de tomar todas estas horas imposibilita que otros puedan acceder a las mismas. Un mejor salario ayudaría a que los docentes no tengan la necesidad de sobreexplotarse, y a su vez permitiría la disponibilidad de más horas. Un docente sobreexplotado tiene menos tiempo para poder preparar sus clases, ya que debe recorrer mucha distancia para llegar a sus horas, y esto impacta en la calidad de los procesos de enseñanza.
No obstante, son pocos los casos en el cual un docente cuente con todas sus horas cubiertas. La realidad nos indica que además del trabajo de enseñanza y aprendizaje, los docentes deben recurrir a otros empleos para poder sostenerse económicamente. Resaltamos que esto no es lo ideal si pensamos en la importancia que debe tener la educación, y por ende, las condiciones laborales de sus trabajadores.
En otras palabras, tanto un docente sobrecargado cómo uno subocupado (que posiblemente también este sobrecargado, pero con otros trabajos que no tienen que ver con su profesión), no se encuentran en las condiciones adecuadas para desempeñarse de la manera correcta.
Entonces, algunas claves para pensar estas problemáticas son: primero, que el máximo de horas que pueda tomar un trabajador de la educación sean 36 y no 42 (sin que esto signifique una disminución salarial, pero que necesariamente conlleva un cambio y aumento en el valor de la hora), para que no exista esta sobrecarga -logrando un buen desempeño laboral- y que hayan más horas disponibles para otros. Segundo, terminar con la dispersión de las horas, lo que conllevaría a una gran reorganización de los lugares de trabajo, y lograr que la carga horaria de los profesores se concentre en una sola escuela (o dos, cómo máximo).
Sistema de puntajes, padrón y distribución de horas
Para acceder a horas, los docentes deben inscribirse a un padrón que se ordena de acuerdo al puntaje que tiene cada uno. Al recibirse un docente, cuenta con un puntaje inicial de 9 puntos, correspondiente al título específico, más el promedio con el cual se egresó de la carrera. Luego a través de antigüedad, formación y participación en actividades ese puntaje se va incrementando.
En el sistema público, en la secundaria los padrones son enviados directamente a las escuelas (cada docente puede inscribirse en un máximo de 6 escuelas) y en la primaria los llamados se dan a través de las Secretarías Escolares. En el privado, se deben presentar CV y queda al parecer de la institución -sin un criterio de elección, siendo que los salarios docentes en estas instituciones son pagadas por el Estado-.
El sistema que a simple vista puede parecer eficiente, cuenta con diversas complicaciones que parten del no respeto de los padrones y la forma en la que se logra dicho puntaje. La primera situación exige una constante vigilancia de los trabajadores que se anotan en las instituciones, para ver que se cumpla el orden establecido por el padrón.Y el segundo problema se debe a una trama de instituciones que ofrecen cursos de formación docente o diplomaturas de muy baja calidad y que tienen como único requisito el pago de los aranceles para obtener la certificación. Esto profundiza la mercantilización de la educación, y provocó múltiples denuncias que desencadenaron en la desvalidación de algunos certificados entregados por ciertas instituciones.
Entonces, este entramado ha generado una competencia desigual entre los trabajadores, ya que el factor determinante era el dinero para pagar dichos cursos (en muchos caso sin que ello conlleve formación real alguna), y aquellos recién iniciados que no cuenten con los recursos para acceder a los mismos quedan más lejos que los primeros. Por lo tanto, aquellos con más horas podrían conseguir aún más, profundizando las complicaciones que tienen los nuevos y logrando una mayor desigualdad entre ellos.
Falta de propuestas alternativas
¿Alcanza con el modelo de educación tradicional? Esta pregunta puede estar dirigida tanto a la problemática que venimos desarrollando, cómo a la crisis de la educación en general. Ambas están indisolublemente relacionadas, y durante estos últimos años se han ido implementando propuestas interesantes -y a nuestro parecer, efectivas- para enfrentar ambos desafíos. Una de ellas, ya la hemos mencionado, fue la experiencia de las EPS. Una modalidad novedosa para la provincia, que en muchos casos significó el inicio en el mundo laboral para docentes recién recibidos (y completar sus horas a otros con ya varios años en el rubro), y con el resultado exitoso de reincorporar al sistema a cientos de estudiantes, manteniéndolos dentro del mismo y logrando su egreso. También, el sistema de tutorías donde se le afectaba determinada carga horaria a docentes para esta tarea. Ambas modalidades cumplen con compensar las falencias del sistema, en tanto la educación de los estudiantes cómo el trabajo para los profesores. Así mismo, implementar programas como el “una hora más” o “sexta hora” dando esa hora a docentes recién egresados para que puedan reforzar ciertos contenidos en estudiantes que lo necesiten puede beneficiar al sistema educativo. Además, se deben mejorar las condiciones laborales y destinar mayores recursos en los planes existentes, como el FinEs que es una herramienta para quienes abandonaron la escuela y también es el primer trabajo de muchos docentes. Este plan tuvo dudas sobre su continuidad en el 2024, pero logró sostenerse. Aún así, merece que se destinen más recursos y que mejoren las condiciones laborales de los docentes que trabajan en el mismo ya que reciben sus salarios con varios meses de demora.
Otras alternativas, podrían ser destinar recursos para equipos de investigación y producción de materiales didácticos, dónde estos docentes desocupados y/o subocupados se encarguen de estas tareas, cumpliendo con objetivos tales cómo la constante actualización en la formación pedagógica, en los materiales que se utilizan en las aulas y pensar soluciones para los diferentes factores que componen la profunda crisis de la educación.
Por último, y relacionado con el apartado anterior, plantear espacios de formación gratuitos para quienes recién se incorporan al mundo laboral y a quienes poseen poca carga horaria. Entendiendo que, un docente con una buena carga horaria y antigüedad, tendría los recursos para pagar sus capacitaciones.
Palabras finales
Ante este panorama complejo, los docentes no sólo ven las formas de utilizar las reglas del juego, sino que también ahora reclaman por soluciones para mejorar una problemática creciente. Es decir, los recién graduados ingresan al campo planteando otra estrategia que busque dar una solución conjunta y permanente, saliendo del individualismo reinante donde cada uno se salva de la manera que puede.
En síntesis, podemos observar que mediante el lente de los docentes sin trabajo, se logró un diagnóstico del sistema educativo en su conjunto, donde planteamos algunas claves para pensarlo y dar respuestas. También es una oportunidad para pensar la situación de los trabajadores registrados en general y el futuro del país.
Notas
(1) https://www.revistaanfibia.com/quien-quiere-ser-docente/
(2) Utilizamos la palabra en femenino, porque es una profesión feminizada a lo largo de la historia de nuestro país.
(3) Según Alberto Holz -referente de la agrupación de docentes jubilados Marea Blanca-, luego de un trabajo de investigación al respecto, demostró que el IPS estaría en condiciones de pagar jubilaciones más altas. Podes escuchar la entrevista completa en
https://www.youtube.com/watch?v=lI7aKw7gaJc
(4) Autoridades del gobierno provincial, al ser consultados por este medio sobre la cantidad de instituciones terciarias habilitadas actualmente, no respondieron.
(5) Los títulos de la Universidad Nacional de Misiones son emitidos por el Ministerio de Educación de la Nación, autoridad superior a la jurisdicción provincial.
(6) El requisito para enseñar en una institución terciaria es tener un título de grado, o en caso de haberse egresado de un profesorado de pregrado, 5 años de experiencia en el nivel secundario.
(7) Las incumbencias profesionales indican la capacidad potencial que poseen los profesionales de una determinada especialidad, basadas en los conocimientos teórico-prácticos que han recibido durante sus estudios.
(8) Para profundizar sobre cómo perciben y utilizan los docentes esta herramienta recomendamos el capítulo 9: Estado, escuela y política. Los docentes de escuelas secundarias públicas y el ingreso a la docencia de Detke, en el libro Luchas por la Hegemonía (2017).


Fiel creyente de que todas las personas somos intelectuales -como decía Gramsci-, impulso este medio con el fin de generar herramientas para pensar crítica e históricamente. Profesor de Historia. Algún día voy a presentar la tesis. Bostero, fanático de Charly García, Borges y LeBron James.
Pd: no se me ocurrieron descripciones tan buenas como las de mis colegas


Soy profesor de historia (si saben de alguna vacante, llámenme), estoy intentando ser licenciado y soy papá de dos perritas. Soy hincha fanático de San Lorenzo y, obviamente, amo a Messi (ojalá estés leyendo esto, Messi). Pueden escucharme en "Con El Diario del Lunes", un podcast tan bueno como intermitente que hacemos con amigos, donde hablamos de varios temas.