SEAN ETERNOS LOS LAURELES
Los J.J.O.O. de París ya quedaron atrás, y es momento de pensar sobre cómo el deporte nacional (sobre todo el amateur y no “mainstream”) puede alcanzar logros producto de una planificación y que no dependa únicamente de la “garra argentina”.
OPINIÓN
Salem Goldschmidt
9/4/20244 min read


Existen dos formas de observar la práctica del deporte. La primera es de carácter plenamente exitista y resultadista, donde solo sirve ganar. La victoria es la única meta que debe observarse; cualquier resultado ajeno a ella es sinónimo concreto de un fracaso que debe ser evitado a toda costa. La segunda, en cambio, ve a la práctica deportiva como un fin en sí mismo, donde importa más la capacidad para desarrollar una habilidad producto del esfuerzo y la dedicación. La superación de uno mismo y la incorporación de valores deportivos son la clave. En fin, esto y otros elementos suelen englobarse en lo que se conoce como “valores olímpicos”.
En este breve análisis tomaremos esta segunda visión como eje que busca orientar toda la descripción que realizaremos posteriormente. Entonces, si tenemos en cuenta que la victoria no es sinónimo del éxito y que basar la observación del desempeño de una delegación olímpica en base a las medallas obtenidas es, cuanto menos, simplista. ¿Qué conclusiones podemos obtener de la participación argentina en los Juegos Olímpicos de París 2024?
Para comenzar debemos tener en cuenta el contexto. Argentina es (lamentablemente) un país con una marcada tendencia exitista; está en nuestra esencia aclamar al triunfador y despreciar al supuesto perdedor, y solemos practicar (generalmente de forma apresurada) una cultura de descarte. Quien hoy triunfa y es aclamado, mañana será abucheado tras la derrota. Está en nosotros, y es -probablemente- uno de los primeros problemas que debe afrontar cualquier deportista que se calce la camiseta o porte nuestra bandera en cualquier competencia.
Pero, sin lugar a dudas, la dificultad más marcada que deben afrontar nuestros deportistas (principalmente aquellos alejados de los reflectores de las cámaras) es la sensación de “largar la carrera más atrás que el resto”, debido a la falta de apoyo (estatal y privado) para competir en igualdad de condiciones con el resto.
Existen situaciones que deben mejorarse en el deporte argentino. Los atletas deben ser vistos como tales, brindándoles las condiciones necesarias para su desempeño, como la capacidad de poder dedicarse plenamente a su preparación bajo condiciones adecuadas para que puedan cumplir en la competencia. Salvaguardando las circunstancias de la situación, ¿acaso alguien podría exigir toda la perspicacia a un médico cirujano que tuvo que formarse en condiciones inadecuadas, con poco tiempo para dedicarse al estudio y sin los instrumentos adecuados? Muy probablemente no pueda hacerlo bajo estas circunstancias y las probabilidades de un mal desempeño sean mucho más altas.
Porque en el deporte, como en la vida, los éxitos casi siempre son consecuencia de un conjunto de elementos que deben darse en armonía. Sin duda, el talento y el esfuerzo propio del atleta son vitales, pero igualmente esenciales son un acompañamiento formativo, un correcto acompañamiento estatal, social y de salud integral. Que “el otro” nos gane no es porque “puso mas huevo”, sino porque en muchos casos simplemente “es mejor”, y ser mejor también significa tener mejores condiciones para practicar eso que tanto amamos.
Hay que volver a remarcar algo, no solo importa ganar; el deporte es una victoria en sí misma al momento de practicarlo. El rol social del deporte, sobre todo en un contexto como el argentino, es clave. Un pibe o una piba en un club practicando un deporte (sea fútbol, natación, BMX o el que se les ocurra) es un pibe menos en la droga, un pibe menos en la ludopatía, un pibe que ve posibilidades en algo más que la miseria que muchas veces la misma sociedad le ofrece. Capaz ese pibe no sea el nuevo Messi o el nuevo “Maligno”, pero seguro es un pibe más feliz, y alcanzar eso vale más que cualquier equilibrio fiscal.
Por ello, es clave el financiamiento estatal al deporte, ya que estos clubes o actividades están alejados de los ojos de los grandes empresarios que solo ven dólares y que, por ello, dejarán de darles importancia cuando el dinero no fluya. El deporte no es un negocio; es un lugar que permite soñar, crecer, hacer amigos que quedan marcados en la vida. Cuando aprendan (quienes toman decisiones, quienes tienen la posibilidad de generar acciones, y también nosotros, los espectadores) el valor de ello, más que seguro las medallas vendrán solas y todos nos vamos a emocionar. Como lo hicimos tantas veces con Las Leonas, la Generación Dorada, y como personalmente lo hago al ver cualquier persona que esté defendiendo MÍ escudo en cualquier competencia deportiva, sea cual sea.
PD: Desde este humilde espacio, queremos brindar una gran felicitación y agradecimiento a cada uno de los miembros de la delegación olímpica argentina, así como a la delegación paralímpica que actualmente se encuentra compitiendo. Muchas gracias por portar con tal orgullo y dedicación los colores de esta nación. Muchas gracias por, a pesar de las dificultades, seguir brindando un mensaje de esperanza y de que los sueños pueden alcanzarse. Por ello, les decimos que ustedes ya han conseguido han conseguido los laureles, sin importar si existe una medalla o un diploma que lo certifique.


Soy profe de Historia y no, no se de memoria todas las efemérides. Me gusta mirar el pasado desde el lente del presente. También disfruto cuando ganan Boca y los Warriors. Lo mas importante es la Paz del día a día. En mis pensamientos políticos creo en la democracia y las instituciones como la base de todo. Para los progres soy muy facho y para los fachos demasiado progre.