
PERO HAY LA VERDAD… Y LA VERDAD
La construcción de lo que podemos llamar “verdad” muchas veces se encuentra limitada por los contextos y las finalidades de quienes la enuncian, pero también por quienes reciben y escuchan los fundamentos que les son brindados. En lo que a identidad nacional y valores patrios refiere, dicha discusión se vuelve aún más profunda.
HISTORIA
Salem Goldschmidt
2/10/20265 min read
El uso de la historia
Quienes, de una forma u otra, analizamos lo que podríamos llamar Historia, tenemos muy claro que dicho estudio parte de una premisa inicial y fundamental: estamos observando hechos, sucesos y procesos del pasado. Sin embargo, siempre lo hacemos desde el presente. Es decir, nuestras preguntas y sus respuestas son propias del tiempo en el cual nos encontramos, no del tiempo en el que ocurrieron los acontecimientos que estamos investigando.
Esto tiene, por un lado, una gran ventaja: nunca nos quedaremos sin hechos para analizar, porque el enfoque y las preguntas no dependen del suceso en sí mismo, sino del momento en el cual se realiza la investigación. Pero también presenta una desventaja evidente: existe una amplia posibilidad de modelar el pasado en virtud de los intereses del presente, haciendo que la pregunta moldee la respuesta y permitiendo escribir —o decir— cosas que no ocurrieron, con el fin de garantizar un discurso favorable en la actualidad.
Dejando en claro esta introducción de carácter conceptual, podemos ampliar que esta estructura referida al estudio de los “hechos del pasado” no se aplica únicamente al análisis científico y académico de la Historia. Más bien, el objetivo de una Historia de carácter científico es evitar que estos elementos nublen la visión del investigador. Esto no significa privarse del análisis, pero sí implica no tergiversar el pasado según intereses personales o sectoriales.
Ahora bien, si nos movemos hacia un “uso del pasado” en el plano social y político, debemos tener claro que este no se ve exento de dichos elementos; por el contrario, los intensifica. Ya que presenta una clara tendencia a recurrir a componentes de carácter emocional, buscando despertar fibras más cercanas al corazón que a la razón.
Cuando un político —y sobre todo uno con objetivos de alcanzar o consolidar poder— recurre al pasado, dicha acción tiene mucha más relación con sus intereses actuales que con la reivindicación genuina de la figura histórica en cuestión. La mención directa o indirecta de personajes y sucesos del pasado adquiere la forma de un espejo, en el cual el líder del presente se identifica con el héroe del pasado, apropiándose de sus virtudes y características principales. Discutir su figura se vuelve, entonces, discutir la propia historia nacional. Quien lo cuestiona pasa a “discutir a los propios próceres de la nación”, es decir, se convierte en un enemigo de la patria.
El amo y señor de la historia
En las últimas semanas, la Argentina sumó un nuevo debate a su ya extensa lista de temas que dividen y tensionan a la sociedad. Por voluntad y deseo expreso del presidente de la Nación, se llevó a cabo el traslado del sable corvo de San Martín desde el Museo Histórico Nacional hasta el Regimiento de Granaderos a Caballo. Todo ello estuvo acompañado, por supuesto, de un acto ceremonial mediante el cual se visibiliza y magnifica el rol de este gobierno en la preservación de un objeto de enorme importancia para la historia de nuestra nación.
No es el objetivo del presente artículo establecer un juicio particular sobre el hecho en sí mismo. Queda a consideración del lector evaluar si el accionar llevado a cabo por el gobierno nacional es correcto o incorrecto; el propio título lo deja en evidencia. Lo que sí debe ser observado y remarcado es que, ironías mediante, a pesar de encontrarse en el centro de la escena, el sable corvo del Libertador es apenas un actor secundario en todo este suceso.
Un acto sobre el pasado, en el presente, hablando al futuro
Como ya mencionamos, el traslado del —en palabras del propio presidente— “símbolo material más poderoso de la Nación Argentina, una reliquia sagrada”, se realizó entre bombos y platillos, tal como es característico en todo aquello que el gobierno nacional busca presentar como fundamental dentro de su proceso de consolidación de la Argentina que, según ellos, están construyendo. Sin embargo, resulta necesario leer un poco más entre líneas que un, con perdón de la palabra, simple traslado.
Por un lado, quitar el sable de la órbita del Museo parece una más de las ya habituales provocaciones del presidente hacia el campo de las ciencias sociales. Se trata de un mensaje dirigido y pensado: se nos dice, a través de acciones, que desde su perspectiva no estamos capacitados ni somos merecedores de proteger este elemento de gran valor social y cultural. La idea de que un regimiento es un lugar más digno, más seguro y más apropiado para semejante símbolo deja en claro la valoración que el actual gobierno nacional tiene del Museo Histórico Nacional.
Por otro lado, se le afirma a la población que estará plenamente garantizado el acceso y observación del mismo en su nuevo destino ¿Qué quiere mostrar el gobierno con esto? que la erudición de la historia no es un elemento que garantiza su preservación, que el Museo Histórico Nacional -de carácter académico y civil- no es la llave maestra para que la población acceda a los objetos fundamentales en la construcción de su identidad nacional.
Y finalmente, la mención de que en el pasado el sable fue robado por agrupaciones peronistas presenta dos lecturas posibles. La más evidente es el deseo de polarización, pero sobre todo la reducción del par: mostrarlo como indigno, cuyas acciones son siempre negativas y, por lo tanto, justificar que las propias son las únicas capaces de alcanzar el bienestar y la grandeza de la nación. La otra lectura, más centrada y analítica, es que, ambas acciones son, en realidad, dos caras de una misma moneda: tienen una finalidad política común; lo que cambia es el contexto y el escenario de acción al cual se encuentran dirigidas.
Reforcemos esta idea de polarización, la ya conocida “grieta en la Argentina”. Podríamos pensar: ¿qué le hace una mancha más al tigre —o, en este caso, al león—? Porque algo resulta claro: el fin último de todo lo relacionado con el traslado del sable de San Martín es magnificar la figura de Milei como el único capaz de hacer grande a la nación, y presentar a todo aquel que ose discutir su palabra como un traidor a la patria, o, en sus propios términos, como un “enemigo de la libertad”.
En medio de este escenario queda la sociedad argentina, cada vez más fracturada. A esta disputa ideológica se suma la dificultad económica: quienes no tienen trabajo ven cada día más lejana la posibilidad de conseguir uno, y quienes lo tienen observan cómo sus ingresos se deterioran progresivamente, bajo el riesgo constante de perder lo poco que poseen.
Como siempre, solo queda esperar y observar si, en un futuro más o menos cercano, este acto quedará como uno más dentro del proceso de refundación de la Argentina; si Milei logrará su objetivo de consolidarse como la figura magnánima que pretende encarnar, o si será apenas otra puesta en escena de quienes, como muchos otros en diferentes etapas de nuestro largo andar por estas tierras, se creyeron amos y señores de la historia..
El tiempo dirá si estamos frente a “la verdad… o la verdad.”


Soy profe de Historia y no, no se de memoria todas las efemérides. Me gusta mirar el pasado desde el lente del presente. También disfruto cuando ganan Boca y los Warriors. Lo mas importante es la Paz del día a día. En mis pensamientos políticos creo en la democracia y las instituciones como la base de todo. Para los progres soy muy facho y para los fachos demasiado progre.
