MÚSICA Y POLÍTICA, EL ARTE DE ESTAR EN CONTRA

Motor de lucha para algunos, fuente de inspiración para otros. La política motivó el surgimiento de grandes obras artísticas en todos los sentidos, pero, ¿Hasta dónde es aceptable su intervención en la música?

MÚSICA

Camila Azarmendia

12/31/20246 min read

Como si se tratase de un ciclo infinito, cada artista emergente en algún momento de su carrera es criticado por su pensar en lo que a la política respecta, y ‘‘Dedicate a lo tuyo’’, es la típica frase expresada que acompaña al malestar de la audiencia, pero, ¿Realmente tiene que ser así? ¿Un artista debe dedicarse únicamente a ‘‘lo suyo’’ sin involucrarse en política?

La formación de la identidad

Antes de hablar de política, tenemos que (re)pensar sí o sí la formación de la identidad, es decir, los rasgos que nos caracterizan ante los demás.

La música como fenómeno cultural se nutre del contexto y de los vínculos. Moldea y pule nuestra forma de ser dentro de una comunidad. El argentino, por ejemplo -y esto pensándolo desde la perspectiva de alguien de 20 años- se trata de un sujeto cuyos abuelos consumían tango (y por qué no, chamamé), cuyos padres crecieron con la insubordinación del rock y cuyos hermanos mayores bailaron las letras más promiscuas de la cumbia villera, al igual que las del rock nacional.

Los hábitos de consumo musical con sus respectivos géneros a través de los años nos muestran así las nuevas identidades de diversas generaciones que se fueron construyendo en base a su contexto, y, al mismo tiempo, generaron nuevas formas de ser, de vincularse, expresarse y de insertarse dentro de la sociedad.

Así mismo, las letras de las canciones que escuchaban las distintas generaciones, ¿qué aspiraciones denotaban?, los ritmos de las mismas ¿eran para escucharlas sentado, para poguear o para menearle al que les gustaba? Dentro de estas mismas preguntas habrás notado que la forma de interacción social fue cambiando.

Si previamente el tango invitaba a contemplar y prestar atención a la historia de desamor, nostalgia o marginalidad que contaba, los otros géneros invitaban al oyente al contacto libre de inhibiciones y al pensar políticamente, propio de una sociedad que ya no temía dejarse llevar por una desmesurada emocionalidad, pasando las canciones de ser un instrumento de introspección a catalizadoras de encuentros y opiniones.

Así, la música en nuestro país termina por narrar lo que era significativo para el argentino de cada década.

Cada canción conforma una pieza de un mosaico de experiencias colectivas e individuales al mismo tiempo. Esas experiencias que narran las canciones, como ser, el amor en Quizás, Porque de Sui Generis, la realidad de una crisis social y económica en Cambalache de Enrique Santos Discépolo, la drogadicción en Mi Naso de Yerba Brava, o incluso lo absurdo, como lo es cantar sobre el anillo de un colectivero que viaja por el espacio, conforma la identidad del argentino, ahí está su historia.

Ya lo dice Babasónicos en Vacío (2022) La identidad no se negocia nunca, y el que lo hace vive preso.

Incursionar en política, ¿Sí o no?

Trayendo el presente articulo a la actualidad, en septiembre de este año miles de usuarios argentinos simpatizantes de La Libertad Avanza, tanto en las redes X como Instagram, comenzaron a insultar a la cantante pop Lali por el lanzamiento de su canción Fanático con claras referencias desfavorecedoras al presidente Milei.

Las críticas a su elección partidaria -cosa que un artista e incluso sus seguidores normalmente puede prever- no tardaron en aparecer. Sin embargo, lo que llamó poderosamente la atención fueron aquellos comentarios que le ordenaban a la cantante dedicarse únicamente a su música y a no entrometerse en cuestiones políticas, con razón de no entender la realidad argentina e invitar a sus oyentes a hacer lo mismo que ella.

Esto último llama la atención porque es una crítica totalmente infundamentada. La música por años fue y sigue siendo una herramienta de exteriorización del pensamiento.

Trayendo a colación a grandes referentes del rock nacional de la década del ‘80, como puede verse en el siguiente afiche en campaña por Eduardo Angeloz (UCR), el posicionamiento político no hacía que los oyentes -en general- tuvieran una imagen negativa de los artistas que consumían, ya que ello era algo que se tenía asimilado, es decir, el artista antes que músico era argentino y ello implicaba que pudiese tener un pronunciamiento político con el que se podía estar a favor o en contra.

Fuente: Biblioteca y Archivo Histórico de la UCR

Curiosamente, y esto dicho por los mismos artistas que participaron, la asistencia a dichos recitales en el marco de las campañas electorales en el año 1989 fue masiva, y, sin embargo, la victoria por la carrera presidencial la obtuvo el simpático riojano de patillas, que también tuvo su propio festival llamado Rock en La Boca.

Anteriormente hablamos de identidad porque poseerla significa existir, tanto política como socialmente, se trata de un sujeto que atravesó experiencias y a través de ellas construyó un sentido de pertenencia como también su propia visión del mundo, de su comunidad, de lo que considera bueno y malo. ¿Por qué hoy por hoy es visto casi como una transgresión que un músico, ciudadano de un país, cante lo que considere nocivo para la sociedad en la que se encuentra inserto?

Un artista puede gustarte o no, por lo cual podes decidir entre apoyar o ignorarlo, pero la acción de censurar o intentar desmerecer el producto cultural de un otro es negar su existencia como sujeto político. Actualmente nuestro país atraviesa tal nivel de intolerancia discursiva que pareciese ser que la opinión del otro no vale simplemente por ser diferente a la propia, ahí reside la gravedad.

Usualmente quienes critican los tintes políticos en producciones culturales son sujetos que se presentan a sí mismos como apolíticos e incluso apartidarios, pero lo cierto es que toda acción que realicemos durante el día expresa nuestra forma de posicionarnos, desde decidir a dónde ir a comprar hasta determinar si tu hijo va a ir a un colegio público o privado, todo es una elección política, tal como lo mencionan en el podcast Revelación o Timo de Jenesaispop.

Lo que se trata de plantear es que el arte en general, y, en este caso particular, la música, son canales de representación, tanto política como sociocultural, cuya importancia radica en hacer oír voces que los actores de la política institucional tradicional no logran representar. Esto último hace de la música un elemento que anticipa y es parte de los cambios en la sociedad, por ej. las luchas feministas, las marchas estudiantiles o el caso de las luchas raciales -el cual tendrá su desarrollo en un próximo artículo-.

Los que no dicen nada

Ciertamente pensar en la música únicamente como medio de entretenimiento es en parte una problemática que deviene de las redes sociales. Hoy en día estamos tan acostumbrados a la producción y viralización de canciones vacías, con ritmos pegadizos y letras repetitivas para poner en los boliches, de fondo en juntadas o videos de TikTok, que llegamos a pensar que un artista no tiene que entrometerse en política, cuando en realidad su papel es fundamental como interventor entre una sociedad lista para escucharlo y los mensajes que necesitan ser transmitidos.

Cabe destacar que los músicos emergentes en nuestro país -pasando por alto otros múltiples factores- tienen canciones con letras mega triviales con razón del ataque que podrían llegar a recibir si retratasen en su repertorio lo que en realidad piensan políticamente.

A sabiendas de ello, el argentino es hincha de todo, no por nada nuestra sociedad está muy polarizada. O sos de izquierda o sos de derecha. Sos de River o sos de Boca, mate dulce o mate amargo, lo que elijas siempre te va a condenar un poco.

Pero eludir la realidad de un país en llamas, cuando se tiene la posibilidad de ser un sujeto de cambio e invitar a su audiencia a reflexionar el contexto en el que se está inserto, además de ser visto como un acto cobarde, también es tomar una postura política. Los músicos ¿De qué están presos ahora?

El arte nunca pide permiso para intervenir.

Amo usar remeras de bandas. Apasionada empedernida del rock viejito desde que tengo memoria. Toco los instrumentos más infravalorados en el ambiente musical: el bajo y la viola de orquesta. Estudio Comunicación Social.