A Biden, ¿le tocó bailar con la peor?
Se acercan las elecciones presidenciales en el país norteamericano y los demócratas parecen estar en el ojo de la tormenta tras la baja de Joe Biden a la carrera por la reelección del trono de hierro que actualmente ocupa. ¿Crónica de una muerte anunciada?
INTERNACIONALES
Jeremías González
7/25/20246 min read


Para esta nota me interesa poner en perspectiva histórica los distintos factores que hoy me llevan a pensar que Estados Unidos atraviesa un proceso de transición y que no todo es lo que vemos por twitter o las distintas redes (me refiero a la campaña comunicacional lanzada en contra de Biden por el deterioro de su salud). ¿Transición? Sí. Estamos observando como distintos países están llevando adelante proyectos contrahegemónicos al modelo occidental que imperó desde la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991. Así, podemos hablar de un mundo multipolar, distinto de la bipolaridad posterior a la Segunda Guerra Mundial y a la unipolaridad estadounidense que prosiguió.
Desde 1991, Estados Unidos se consolidó como la potencia principal a nivel internacional -quedándose casi sin adversarios- pudiendo hacer y deshacer los tejidos comerciales, bélicos y diplomáticos a gusto. Se encargó de instaurar el dólar como moneda de cambio internacional y, además, de auto referenciarse como el modelo idóneo de las democracias liberales y es aquí en el primer punto donde quiero detenerme.
El geopolitólogo estadounidense Joseph Nye acuñó en los años 90s los conceptos de soft power (poder blando) y hard power (poder duro). ¿Qué son estos términos y por qué los traigo a colación? La terminología de soft power hace referencia a la capacidad de los países de persuadir o atraer a otros mediante medios no coercitivos, ya sea por vías diplomáticas o por la imagen que estos dan de sus sociedades, mostrándose como modelos a seguir por los valores que pregonan. Hard power, al contrario, se basa en la utilización de la coerción militar o presión económica para modificar el comportamiento de otros.
Estados unidos ha ejercido un poco de ambos en las últimas décadas. La guerra de Afganistán (2001), las invasiones a Irak (2003), por nombrar sus intervenciones militares más directas, pero también ha intervenido militarmente de forma indirecta a través de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) en conjunto con países europeos. A su vez, ha servido de modelo para las democracias liberales (sin ir más lejos tenemos un presidente que estaría dispuesto a anexarse a territorio yankee si hacia lo pudiera), tanto por su cultura como por su modelo de gobierno. Toda esta estructura de poder actualmente se está descociendo.
Si bien, todavía ejerce una gran cuota de soft power, el modelo de democracia liberal está siendo atacado por distintos modelos de gobiernos alternos a estos -como los que yacen en China, Rusia y ni hablar de los califatos árabes-, donde podemos encontrar escasos o nulos niveles de democracia lo cual permite que estos países tomen decisiones sin tener que llegar al consenso con una oposición y los posicionen más rápidamente en un lugar ventajoso. En este punto, recomiendo la entrevista realizada por Carlos Pagni al sociólogo argentino Juan Eugenio Corradi en Odisea Argentina*.


Sigamos, un segundo punto muy importante es la guerra fría que se está librando para combatir la hegemonía comercial del dólar. La alianza política, social y económica conocida como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es la que está llevando las riendas de una alternativa económica no tan dependiente del dólar. Ya podemos encontrar grandes acuerdos con los países árabes para poder importar petróleo en las divisas que ellos deseen. Hace unos meses atrás China logró socavar el acuerdo histórico que Estados Unidos mantenía con Arabia Saudita desde 1974, el cual contemplaba que los saudíes vendieran petróleo solamente en dólares a cambio de asistencia militar e inversiones.
A su vez, a comienzos de este año se sumaron al grupo Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Irán, Etiopia y Arabia Saudita, ampliando los márgenes de los acuerdos comerciales con los países del medio oriente y África. Pero no nos enfoquemos solo del otro lado del charco, en nuestra región, el gigante brasileño ha crecido exponencialmente en los últimos años, sobrepasando por mucho a los demás países sudamericanos y quedando como gran referente regional y dejando a Washington sin un aliado claro en el cono sur. ¿Será ese el rol de Argentina si Trump gana la presidencia?
Hay que resaltar el rol que están ocupando actualmente los países africanos que conforman la Alianza de los Estados del Sahel, Níger, Burkina Faso y Malí, con un -todavía no tan estrecho- acercamiento a Rusia. En octubre del año pasado comenzaba a gestarse la ruptura de las relaciones con Francia, tal es el caso de Níger que expulso a las fuerzas militares francesas del territorio africano y comenzó un proceso de estatización y desarrollo de la producción nacional que había estado controlado por los galos hace ya tiempo. Siendo un golpe para la organización extractivista europea de recursos naturales (sobre todo uranio) y poniendo en tensión la legitimidad francesa en medio de los conflictos que atraviesan políticamente. Si bien no es un agravante directo hacia Estados Unidos, si afecta a los con que conforman la Unión Europea en estrecha relación con el país del norte de América.
Un tercer punto a tener en cuenta es el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania (2022) que trajo grandes problemas para EEUU. La invasión realizada por el Kreamlin fue una demostración del ejercicio de hard power que puso en situaciones incomodas a los países europeos dependientes de la Unión Europea (UE) y la OTAN. El financiamiento para la defensa de Ucrania partiendo de la proveeduría de armamento hasta las sanciones económicas impuestas a Putin han traído desestabilización en los regímenes oficialistas, mostrando un gran avance de discursos nacionalistas y victorias opositoras en países como Francia (Jean-Luc Mélenchon) e Inglaterra (Partido Laborista). En este sentido, el candidato opositor Donald Trump ha adoptado esta misma metodología discursiva nacionalista, apelando a que deben comenzar a fijarse más sobre el propio ombligo y rever ciertas cuestiones (sobre todo de financiamiento en dólares para la guerra) que han provocado un desenfoque en los intereses de la nación.
Por último, y no menos importante, es la campaña comunicacional en contra de Joe Biden que se explaya en redes sociales. Parece una metodología común utilizada por los populismos (de izquierda o derecha) actualmente, de desprestigio, burla u odio hacia el adversario**. Tales así que día a día bombardearon las redes los últimos meses con videos referenciando a la deteriorada salud del actual presidente de los Estados Unidos y que su adversario directo ha sabido aprovechar e impulsar.
Hoy, la lucha en redes sociales es tierra arrasada para los demócratas que corren desde atrás con la designación de Kamala Harris como nueva candidata presidencial. De todas formas, en lo que refiere al sistema de creencias yankee -de carácter muy nacionalista, por cierto-, siempre la imagen del presidente debe ser fuerte, un estado poderoso necesita una imagen poderosa, que no titubee y se muestre firme en todo momento, que es lo que hoy por hoy Biden ya no demostraba.
Me parecía un análisis incompleto si mirábamos que la posible derrota demócrata solo pasaba por la imagen negativa de Joe Biden que -aclaro- no es baladí, pero completa un rompecabezas difícil de abordar para cualquier gestión de gobierno. No sería noticia que el estado de salud del actual presidente haya empeorado sustancialmente en los últimos años de gobierno debido a la agenda que como hemos visto le tocaba atravesar.
Si hacemos algo de historia contrafáctica, vale cuestionarse algunas premisas: ¿Qué hubiera pasado si un republicano con peluca y full bronceado vibes Miami beach dirigía el país durante estos años que le tocaron a la gestión demócrata? ¿Qué nivel de conflictividad habría sido desperdigada tras la guerra ruso-ucraniana? La imagen de un presidente fuerte, ¿hubiera aguantado la embestida de los distintos frentes por los cuales está siendo diezmado el poder de tantos años?
Se modifican los hilos y quienes los mueven, no todo es negativo para Estados Unidos, aún siguen ejerciendo un gran poder en esta nueva multipolaridad, habrá que esperar a ver qué papel ocupan después de este periodo de transición.
El mundo mira de reojo lo que suceda de aquí al 5 de noviembre y sobre todo el presidente Javier Milei, que ya ha demostrado una gran devoción hacia el candidato opositor Donald Trump. Aun así, por todo el discurso nacionalista de Trump, pongo en duda el apoyo a la gestión presidencial argentina si este fuera a ganar, hay que ver que tan cierto es lo de fijarse en el ombligo propio…
Notas
*https://youtu.be/mny_UHqDO9s?si=P-b8d9B1gyyntZgj
**Nye, J. S. (1990). Soft power. Foreign policy (80)


Profesor en Historia de momento como hobbie. La primera decisión que tomaron por mí fue hacerme hincha de Boca. La primera gran decisión que tomé por mi cuenta fue prenderme de las barbas de Alem. Militante de la Salud Mental comunitaria. Mi momento favorito es cuando me siento a leer con mis gatos alrededor. Diestro para escribir un poco con la izquierda como Messi para pensar. Si hubiera tenido tiempo sería jugador profesional de Counter Strike.